sábado, 6 de octubre de 2018

La nueva administración y el problema del agua adulterada.

La purificadora de agua con domicilio en calle La salitrera, entre las calles de Paseo de las Gaviotas y paseo Coacoyul, en la colonia Ixtapa, Zihuatanejo de Azueta, Guerrero, recientemente estrenó nueva administración; al parecer, un señor relacionado con el negocio de comida denominado "Las primas", ubicado en la esquina contigua, es el nuevo propietario de la planta purificadora. Antier compré el primer galón de agua y todo bien, sin problemas, pero el día de hoy, hace aproximadamente tres horas, fui a rellenar el envase con resultados muy distintos a aquella primera vez. Después de tomar un poco de agua empecé a sentir náusea, una vez más el agua estaba adulterada. Con la nueva administración, pensé, "por fin se acabaron los problemas del agua contaminada." Sin embargo, dados los síntomas causados por el agua el día de hoy, me he decepcionado profundamente; está en riesgo mi salud, y si la adulteración del agua es una acción premeditada, están cometiendo delito las personas responsables. Lo que sucedió con la anterior administración del mencionado negocio está registrado en estas mismas notas en fechas pasadas. Por ahora quiero dejar asentado que si este hecho se repite una vez más, definitivamente quedará claro que se trata de una consigna en contra de mi persona. Hace unos minutos tomé un vaso de agua del nuevo contenido (lo volvieron a llenar en la purificadora cuando fui a reclamar) y estoy esperando la reacción de mi organismo. Por ahora el efecto es una tos que empieza a ser persistente y que ya en ocasiones anteriores también he experimentado como una variante de la adulteración del agua. Es muy doloroso, he padecido días eternos con tos, y conlleva decaimiento de mi salud y disminución de mi capacidad de trabajo.


Solicito apoyo pues hay delito que perseguir.

martes, 24 de julio de 2018

Venus y el garrafón.

Pocos minutos después sentí ardor e irritación, tal vez los alimentos o los líquidos, o en los dos venía el elemento dañino, debe ser una sustancia química porque no la elimina el hervor; instintivamente pensé en regresar a la Capital donde abundan los bebederos públicos de agua potable, pero fue una reacción de momento, luego pasé a otras cosas; intenté coger el libro, muy interesante, que tengo sobre la cama sin llegar a consumar la acción. Imagino que los trabajadores de la purificadora de agua donde lleno mi envase reciben instrucciones de los coordinadores vigilantes para poner las cantidades precisas de la sustancia química. De algún modo ya me acostumbré a este ritmo de intervenciones que se han repetido desde hace más de 20 años, y es muy probable que todos los que me han visto y me identifican saben la causa de este desconcertante proceder. Ayer, Venus, una de las trabajadoras del área de servicios de hotelería, me vio cuando iba de regreso a mi cuarto cargando un garrafón de agua, lo miró y sonrió; es el signo, un tanto burlón, de que el agua está adulterada. Llegué sediento, en la calle el sol quema, llené un vaso de agua y lo alcé hasta mis labios, de golpe me detuve, mi vida se llenó de dudas, no obstante tomé el agua. Cuando desperté estaba la mitad de mi cuerpo, de la cintura hacia arriba, sobre la cama; la otra parte de mí, en el piso. No recuerdo más. Ya era hora de levantarme. No crean que fue un sueño. 

viernes, 11 de mayo de 2018

El número 63

Ese lugar estaba reservado para mí. A la derecha estaba sentado un individuo que vestía una chamarra azul con capucha, por su aspecto y comportamiento fue fácil deducir que tenía malas intenciones;  sin duda llevaba instrucciones precisas. A la izquierda, las butacas estaban ocupadas por aficionados a la fiesta. Desde cierta distancia comprendí la acción y decidí ocupar un asiento en otra fila, afortunadamente el espacio es enorme y había poca asistencia. La intención, en apariencia, era muy simple, abandonarme en medio de dos ambientes desconocidos, y de ese modo opacar mi alegría. Para mi fortuna, la tarde se llenó de gloria y olvidé el incidente. Pero sucedieron dos cosas extrañas: el quinto novillo estaba marcado con el número 63, y, al salir, vi que la policía llevaba esposado al hombre de la capucha.