jueves, 19 de mayo de 2016


¿Por qué me vigilan? (Primera parte)

Abril 6 de 2016



A todas las personas

Soy Ranferi de la Paz Hernández, nací en Tlalchapa, Guerrero, México, el 5 de enero de 1956. Desde hace más de 15 años me vigilan, tal vez desde antes. En varias ocasiones, estas personas han causado daño a mi organismo. No sé por qué lo hacen ni quiénes son. En 1999, durante mis estudios de “Maestría en Educación”, en el Instituto de Ciencias y Estudios Superiores de Michoacán, en La Ciudad de Morelia, noté por primera vez que me vigilan. Hoy (6 de abril de 2016), en mi domicilio, Av. Cuauhtémoc No. 40, departamento 10, Colonia Centro, Acapulco de Juárez, Guerrero, C. P. 39300, sucedió algo que frecuentemente hacen los vigilantes. Entraron a mi habitación, pero en esta ocasión también cortaron la energía eléctrica y consecuentemente se apagó mi computadora. Lo hicieron porque hace tres días descubrí que la cámara de la computadora puede grabar durante varias horas, y empecé a dejarla prendida cada vez que salía. Esto impide que entren a su conveniencia cuando yo me ausento.

Un dato curioso, por la coincidencia, es que hoy unos trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en el edificio donde está mi cuarto, revisaron los medidores y tal vez realizaron algunas otras acciones. Como a las nueve y media de la mañana regresé de trotar y al entrar a mi cuarto me di cuenta que la computadora estaba apagada. Voy a la planta baja (mi cuarto está en el primer piso) a preguntar a los trabajadores de la CFE, que si ellos habían cortado la energía eléctrica, me contestaron que no. Subí y cuando estaba a punto de meterme a bañar se fue la luz, bajé otra vez y pregunté a los técnicos de la mencionada empresa que si ellos habían cortado la luz. Contestaron que no, sin embargo, enseguida uno de ellos prende varios interruptores y dice: esto es lo que faltaba. Subí y ya había luz.

Un poco más tarde puse agua a calentar en una jarra eléctrica que hacía unos días había empezado a usar y prendió el foquito que indica que ya está trabajando pero no calentó el agua, alguien la había descompuesto, lo más probable es que haya sido un vigilante, aunque como hacen todo a escondidas no tengo la certeza. El joven encargado de mantenimiento del edificio estaba por ahí y se acomidió a repararla; le di gracias cuando se fue. Este es el incidente de hoy.

En otras ocasiones también adulteran el agua que tomo, la compre donde la compre, y a veces los alimentos. Los efectos más frecuentes son irritabilidad, desesperación, náusea, debilidad generalizada, poco apetito, insomnio, y en ocasiones fuertes dolores de estómago, deshidratación por falta de agua o adulteración de la misma; irritación de la garganta, tos, y otras, al grado que he ido al IMSS a recibir atención médica, en varias ocasiones.

Bien, ojalá que alguien o varias personas u organizaciones se interesen en investigar este caso. Para hacer algo al respecto probablemente sea necesario vigilarme sin que yo ni los vigilantes nos enteremos, porque si lo descubren harían todo lo posible por evitarlo. Cuando obtengan pruebas de que en efecto me vigilan entonces estaremos en condiciones de dar a conocer el hecho, que en mi opinión es delictivo, y además nos permitiría conocer un aspecto profundo de la conducta social.

La acción negativa de estas personas se agrava porque usan algún sistema para vigilar mi vida cotidiana incluso dentro de mi cuarto, hasta cuando voy al baño; saben lo que escribo en mi computadora, están informados de las páginas que visito en internet cuando me conecto, y por si esto fuera poco me siguen a donde quiera que vaya. Sinceramente creo que tenemos un caso digno de una profunda investigación.

Con tal fin doy las siguientes orientaciones. En los supermercados o tiendas de todo tipo (Comercial Mexicana, Aurrera, Oxxo, tiendas de abarrotes, farmacias, etc.) por lo regular el agua que compro está adulterada ya sea que el agua venga así en la botella, que previamente se le de tratamiento de adulteración por fuera de la botella antes de que yo la compre o que al despacharla la contaminen de algún modo; incluso puede haber otras posibilidades que no imagino por ahora.

Los vigilantes tienen una debilidad muy evidente, si no percibo su presencia hacen todo lo posible porque lo haga, pero no se dejan ver abiertamente. Tosen cuando no los veo o cuando pasan rápido  cerca de mí; otras veces estornudan; también hacen ruidos simulando golpes sobre madera; golpean fuerte el piso con los pies; a mis espaldas se ríen de forma característica; llegan a comer a los establecimientos donde yo previamente entro a hacer lo propio. Y otras más. Un buen trabajo de contraespionaje daría resultados sorprendentes. Sabría la sociedad los argumentos empleados por los vigilantes para conseguir la participación de una gran cantidad de personas a lo largo de estos años, y en diferentes ciudades, tales como la Ciudad de México, Morelia, Acapulco, Ixtapa, Zihuatanejo, y más.

Normalmente cuando compro agua y está adulterada en cuestión de minutos la siento y la dejo en algún lugar o la hecho a un bote de basura, lo que esté a mi alcance. Si alguien ve que hago eso es que el agua está adulterada. Hagan el análisis del agua y del envase pues probablemente el elemento contaminante esté en el exterior de la botella.

También pueden investigar con mis alumnos,  maestros y directivos de la Universidad Sor Juana Inés de la Cruz, Plantel Ixtapa, ubicada en la Zona Comercial de Ixtapa, Zihuatanejo, Guerrero, que es el último centro de trabajo en el que he colaborado.

Para terminar con esta primera entrega les informo que mañana jueves, 7 de abril de 2016, a las 23:59 viajo de Acapulco a la Ciudad de México, en la línea “Estrella de Oro”. Compré el asiento 4. Será muy interesante dar seguimiento a este viaje. No perder de vista que también los vigilantes leerán este texto.

Hasta la próxima entrega.   








¿Por qué me vigilan? (Segunda parte)

Abril 7 de 2016

En algunas ocasiones subiré videos de la vida real, de los restaurantes donde suceda lo que comenté en la primera entrega. Se me pasó decir que la forma más común de despistar que practican los vigilantes es usando o simulando usar el celular. Por ejemplo, cuando entro a un negocio donde hay internet, poco después llegan los vigilantes, se sientan a mi lado y mandan a imprimir archivos. Otros esperan afuera con el celular en acción (nótese como la tecnología influye en nuestro comportamiento, ahora se usa el celular para despistar que están vigilando a Ranferi). Les sugiero a los investigadores contravigilantes que no me pierdan de vista cuando voy a los negocios referidos, donde estén localizados, y observen con atención lo que sucede dentro y fuera del lugar.


¿Por qué me vigilan? (Tercera parte)

En la Ciudad de México (CDMX), el sábado 9 de abril de 2016, los vigilantes, tuvieron una ardua tarea, me vigilaron todo el día, fue algo digno de vivir para mí. En la tarde temprana, compré un café en una tienda y resultó adulterado, a una calle de ahí, en el Eje Central compré una botella de agua de 600 ml, la destapé y salió mucho gas; hecho inequívoco de que está contaminada, di la vuelta al estanquillo y compré otra botella de la misma capacidad pero diferente marca, estaba buena, inmediatamente empecé a sentirme bien.

Caminé hacia las  jardineras que están enfrente del Palacio de Bellas Artes, allí tomé casi toda la botella. Empieza a llover. Me dirijo hacia el cine Savoy, por un pasaje que no había transitado jamás, salí hacia una calle céntrica y concurrida. Entré a un baño público, salí, compré un litro de agua y también estaba adulterada. En un expendio compré un vaso de café, estaba adulterado, di la vuelta en un radio de tres cuadras aproximadamente, compré otro vaso de café en un expendio diferente y estaba adulterado. Lo que quiero dar a comprender es que en un lapso de dos o tres horas, la CDMX se volcó hacia mí; a pesar de la lluvia tenue y pertinaz, los vigilantes cumplieron su encomienda. Al ver que todo estaba contaminado, compré un litro de leche. Subí al metro en la Estación Bellas Artes con dirección Taxqueña. Antes de viajar tomé un bocadillo y una pepsi. Dormí todo el camino. En Acapulco, seguí durmiendo en mi cama (truena mucho el colchón, por cierto).

Acapulco me fascina, por primera vez tengo la certeza de que me gustaría vivir aquí por tiempo indefinido. La bahía es de ensueño, el mar y la playa son vivificantes.

Hoy miércoles, 13 de abril de 2016, los vigilantes nuevamente emprendieron una descomunal tarea, contaminar toda el agua para Ranferi de modo que en ningún lugar pudiera encontrar agua pura. Me siento privilegiado de tener tanta atención de tanta gente. No obstante hasta el día de hoy no entiendo sus motivos. Participa gente que jamás me había visto en su vida; otras personas las convencen, no sé cómo o de qué modo, pero lo logran. Hay días tranquilos y hay días que trabajan pesadamente estás personas. No me es claro qué criterios usan para intensificar la persecución un día sí, otro día no. Tal vez alguien sepa qué tiene de particular el día 13 de abril de 2016. Si existe este alguien convendría que me diera la respuesta. Sobre una mesa tengo tres botellas de agua, una de 1½ litros, y dos de 1. Las tres adulteradas.

Puesto que no hay explicación racional de esta conducta colectiva empiezo a creer que si representa una carga pesada al menos para una persona vigilante, debe ser una especie de castigo o de promesa de tipo religioso o personal.

Espero que haya resultados producto de la labor de los contravigilantes. Sugiero que se maneje todo en las redes.

Saludos. Seguiremos en contacto.







¿Por qué me vigilan? (Cuarta parte)

El 17 de mayo de 2016 compré en la tienda Chedraui varias cosas, una lata de atún, un refresco, dos cartones de ¼ de litro de leche (deslactosada) y varias piezas de pan. Salí en busca de algo para comer. A unas calles de Chedraui compré dos picaditas y un vaso de agua de jamaica, me los llevé a mi cuarto. El agua y las picaditas me supieron deliciosas. Unos minutos después tomé un poco de pepsi, y unas dos horas más tarde, tomé un cuarto de leche y lo acompañé con dos piezas de pan. Hasta aquí todo parecía normal, sin embargo, más tarde, ya de noche, empecé a sentir que mi estómago no funcionaba bien; aparecieron los cólicos, luego diarrea y enseguida el vómito, pasé una noche tortuosa.

No sabía qué producto de los que consumí estaba adulterado. El 18 de mayo de 2016 convalecí, no pude comer, estaba realmente debilitado, no tenía apetito. Tomé un vaso de café, después una lata de ensalada de verduras, pero sentía que debería salir e intentar comer algo más. Fui al restaurante de comida taiwanesa, allí comí un platillo con espagueti y pollo, y tomé una coca cola. Mi estado de salud estaba mejorando, con paso lento volví a mi cuarto, pasé una tarde relativamente tranquilo, con leves cólicos. Dormí bien, descansé. Por la mañana tomé un café y lo acompañé con una dona que había comprado en Chedraui (Centro). En cuanto cayó la dona a mi estómago sentí nausea y estuve a punto de vomitar. El veneno que la noche anterior me había causado fuertes dolores estomacales y dolorosos vómitos, provenía del pan, seguramente en forma de polvo. Esto último, la náusea, pasó hace una media hora aproximadamente y no avanzó más.

Pongo a consideración de todas las personas estas historias porque creo que hay delito que perseguir, y para que si otras personas viven lo mismo o semejante comprendan mejor lo que está sucediendo. No hay duda, es un hecho que me vigilan. Si alguien sabe el por qué o quién, le agradeceré que me lo comunique para llevar ante la Ley estos procedimientos ilegales. Mejor aún, pueden iniciar un proceso de contravigilancia y descubrir estas acciones. Es importante que tengan pruebas antes de contactarme, porque el alcance de los vigilantes o de quienes los dirigen es bastante considerable. Vigilen cuando voy de compras a Chedraui o a otra tienda departamental.

Estoy haciendo lo siguiente: entro a la tienda, y empiezo a tomar una botella de agua en lo que busco otros productos con el propósito de detectar que el agua está contaminada. Esto ya lo comprobé en Chedraui (Calzada pie de la cuesta), estoy en espera de que a través de su sistema de vigilancia interior de la tienda me llamen la atención, entonces tendré una excelente oportunidad de avanzar en el descubrimiento de esta actividad delictiva de los vigilantes. Soy Ranferi de la Paz Hernández. Mi domicilio es Av. Cuauhtémoc número 40, departamento 10, colonia Centro, C. P. 39300. Acapulco de Juárez, Guerrero, México.


Nota: las primeras tres entregas están en tumblr.  

¿Por qué me vigilan? (Quinta parte)

Junio 6 de 2016

El uno de junio de 2016 llegué a mi nuevo domicilio, Calle Fco. Javier Mina No. 13, Habitación 113, Col. Centro, C. P. 39300, Acapulco de Juárez, Guerrero, México.

Rento un cuarto en el Hotel Fiesta Acapulco. Han empezado desde mi llegada una serie de ruidos, por ejemplo, aplastar botellas de plástico durante horas por la mañana. Hoy a las 9:00 a m empezó el golpeteo sistemático como si estuviesen construyendo o reparando una obra, un piso, una pared, etc. Este ruido es tradicional de las huestes vigilantes, 16 años o más llevan realizándo estas acciones. Hoy si algún contravigilante desea documentar estas acciones, puede discretamente hospedarse en el hotel referido, cerca de la habitación que ocupo (la 113), y podrá sacar sus propias conclusiones. El cuarto de enfrente al que rento es una buena opción para investigar a las personas que lo usan, lo usaron o lo habitarán en estos días. Les recuerdo que no entren en contacto conmigo hasta que tengan pruebas de las acciones vigilantes en mi contra.

Gracias, hasta la próxima entrega.